Silvia
Maluk U.
Si
reflexionamos con respecto al giro político y económico que está tomando la
sociedad a nivel mundial, podemos darnos cuenta de que se exige un cambio de
las reglas del juego por parte de los movimientos sociales.
Por
ejemplo, Estados Unidos desde el año 2008 está pasando por una de las crisis
del sistema financiero más fuerte desde la Gran Depresión. Esta crisis actual
es producto de la liberalización de los controles sobre el sistema bancario. El
Gobierno estadounidense cedió ante las presiones de los dueños y gerentes de
los bancos para quitarle controles al sistema bancario y enriquecerse.
Resultado de esta crisis es que miles de personas han perdido sus hogares y sus
ahorros. El sistema se muestra poco solidario y poco incluyente.
Por otro lado tenemos a Europa, que desde el
año pasado está pasando por una crisis de endeudamiento en la cual la
credibilidad del sistema europeo de gobierno está bajo serios cuestionamientos,
en especial la moneda común europea; el Euro. Los gobiernos del continente
Europeo, no han sido lo suficientemente solidarios entre ellos mismos, como
para que sea sostenible una unión política y económica en el grado de
integración que actualmente tienen.
Para
ponerlo de una forma más sencilla. Estar integrados es como estar casados. Es
una especie de matrimonio países. Comparten un mismo sistema político, tiene un
sistema judicial integrado, mismas políticas comerciales y una unión económica.
Si uno de los miembros de este matrimonio no es solidario con el otro, y se
endeuda demasiado con la tarjeta de crédito por ejemplo, ¡esto acaba en
divorcio seguro!
Era de
esperarse que un matrimonio entre países de distintas culturas, idiomas,
historias y, que por siglos han sido vecinos y rivales, acabe en una profunda
crisis y bajo estrictas condiciones terapéuticas, es decir, que acabe
estableciendo estrictos recortes presupuestarios. Para salir de esta crisis
podemos decir que Europa, ¡necesita un terapeuta matrimonial que les enseñe a
ser solidarios!
Tenemos
también el ejemplo de los países árabes. Sociedades que están dispuestos a dar
sus vidas con tal de acabar con los regímenes de opresión y poderes verticales.
Están exclamando libertad y democracia. Si que se lo merecen. No importa cuanto
les cueste, cuanta sangre se derrame, exigen un cambio hacia lo solidario e
incluyente.
Por último,
podemos mencionar nuestra Latinoamérica, región que en la última década ha
manifestado su deseo de un cambio social y político. Gobiernos democráticos como
el de Venezuela y Ecuador que están pasando por grandes cambios en sus sistemas
de gobierno y cultura política. Los ciudadanos exigen el cambio, quieren el
cambio, y aunque para algunos, estos cambios no se estén dando en la dirección
deseada, sin duda alguna están causando polémica. Recordemos que es en las
fuertes confrontaciones que la humanidad aprende y comprende.
Este es un
proceso por el cual las sociedades tienen que pasar para construir un mejor
escenario democrático. Les va a costar. En lo social y en lo económico, pero no
podemos exigir cambios gratis. No existen cambios sin consecuencias.
A lo que
viene mi pregunta. ¿Como podemos nosotros, los ciudadanos y académicos, contribuir
a este cambio? Debemos de empezar por inculcar y fortalecer en la sociedad valores
y principios que fomenten un cambio positivo a lo largo del tiempo. Podemos
empezar por ejemplo, en el hogar y en la Educación Superior.
En mi caso
como académica y profesora, mi meta responsable y solidaria es la de formar
futuros profesionales que no solo lleven en su mente las teorías matemáticas de
las ciencias sociales, sino que también lleven en el pecho los valores y
principios que, a un profesional y pensador moderno, no le puede faltar. La
solidaridad y el Pensamiento Crítico.
Para ser solidarios
lo primero en lo que hay que trabajar es en la identidad. Los profesionales
modernos deben de tener su identidad bien definida. Es mediante la reflexión
del ´quienes somos´ y el fortalecimiento del ´hacia donde vamos´ que la
sociedad se construye con un norte claro y un largo horizonte. Para lograr una
correcta identidad hay que pensar en función de toda la sociedad y No en
función del ´yo´. Citando al pensador Alemán Jurgen Habermas;
“También los
sistemas sociales poseen su identidad y pueden perderla; en efecto, los
historiadores pueden distinguir con certeza la transformación revolucionaria de
un Estado o la caída de un Imperio de meros cambios de estructura. Para ello
recurren a las interpretaciones con que los miembros de un sistema se identifican
unos a otros como pertenecientes al mismo grupo, y afirman, a través de esa
identidad de grupo, su identidad yoica.” (Habermas,
Problemas de Legitimización en el Capitalismo Tardío. Traducción José Luis
Etcheverry 1999)
Otras de las
características del profesional Moderno es la de desarrollar el pensamiento crítico.
El pensamiento crítico no persigue la victoria al final del camino, lo que
realmente persigue es un sano juicio y una actitud responsable y concordante
con nuestra conciencia. Es decir, no podemos imponer nuestras ideas. El
pensador crítico es aquel que siempre considera las ideas de la otra persona de
manera solidaria. Lo incluye, lo dialoga y lo construye en conjunto, pues todos
debemos aportar para construir nuestro espacio ciudadano y hay que reconocerlo
así. Me pregunto, ¿Qué tan modernos somos los ecuatorianos?
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